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Probioticos: Último recurso (por Fernando Aparicio)

El uso de probióticos específicos debe ser el último eslabón de los recursos terapéuticos.

Por mucho cariño que yo tenga a las bacterias he de reconocer que trabajar con ellas intentando manipularlas en el organismo desde el aporte aislado de probióticos es un recurso terapéutico muy limitado.

En estos momentos casi todos los laboratorios se han subido al carro de los probióticos para diferentes patologías. Podemos encontrar cepas probióticas para gastritis, para cisititis, para colitis, para estreñimiento, para dermatitis, etc. Volvemos a caer en la trampa del tratamiento unidireccional y aislado tal y como hemos aprendido culturalmente y como de forma continua hace la medicina convencional. De la misma manera que no creo que sea un recurso terapéutico un vademécum de plantas para patologías tampoco lo es el de cepas bacterianas aunque sea más glamuroso.

Mis justificaciones para no utilizar el probiótico como recurso general en la terapia son:

  • El tratamiento específico con probióticos para desequilibrios crónicos es caro y hay que mantenerlo en el tiempo.
  • Primero has de generar un entorno adecuado en la mucosa para maximizar su efectividad.
  • No siempre tienes claro en las primeras consultas el factor determinante para elegir el probiótico. (a no ser que tengas vademécum jeje).
  • El tiempo que le vas a dedicar a averiguar el probiótico exacto es mucho, puedes dedicar ese tiempo a otra intervención terapéutica.
  • No es un elemento ancestral. Nuestra flora bacteriana ha sido modulada desde el alimento y el contexto. La aportación de cepas específicas es algo muy nuevo biológicamente hablando, por tanto no deben tener una posición prioritaria en su utilización.

¿Y qué hago para controlar la flora bacteriana sin probióticos?

Cada terapeuta tendrá sus métodos, para mi hay tres puntos fundamentales antes de la intervención con probióticos:

  • Cambio a una alimentación adecuada a sus necesidades.
  • Modulación de la situación psicoemocional.
  • Controlar los ritmos y ciclos (aquí dentro también está el ejercicio).
  • Alimentos controladores de microorganismos.

Después de esas medidas la aplicación de cepas bacterianas es mucho más funcional y exitosa.

En próximos post hablare de recetas para controlar microorganismos desde la alimentación diaria.

Fernando Aparicio

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